02 septiembre 2009

Embarazo y tabaco: una peligrosa combinación


Un médico español, especialista en el diagnóstico y tratamiento del tabaquismo, visitó nuestra ciudad y ofreció varias charlas sobre el tema. Hizo especial hincapié en la necesidad de que las mujeres fumadoras que saben que esperan un hijo dejen el cigarrillo.


Mariana Rivera

mrivera@ellitoral.com

“Una mujer fumadora debe saber que si deja de fumar cuando queda embarazada, cuando se da cuenta de su estado, para el bebé será como si nunca hubiera fumado. Esto es un dato que conviene que sepa la población en general para animarlas a que dejen de fumar”, aseguró el Prof. Dr. Carlos Jiménez Ruiz, de Madrid, España, quien visitó nuestra ciudad invitado por la Asociación de Neumonología y Tisiología de Santa Fe.

El médico neumonólogo de la Universidad Complutense de Madrid y director de la Unidad Especializada en Tabaquismo de la Comunidad de Madrid ofreció dos charlas en nuestra ciudad sobre dos aspectos del tabaquismo: su fisiopatología, diagnóstico y tratamiento, y su relación con el embarazo. Una de las disertaciones estuvo destinada a estudiantes de la carrera de Medicina, Ciencias Biológicas, Psicología, Biotecnología y otras relacionadas con la salud, y la otra a médicos clínicos, neumonólogos, alergistas, cardiólogos, ginecólogos, obstetras, psiquiatras, kinesiólogos y psicólogos.

La oportunidad fue propicia para que el especialista recordara que “el tabaquismo es una enfermedad crónica y adictiva, la primera causa evitable de muerte en el mundo (en Argentina causa 40.000 muertos cada año), y que tiene tratamiento”, motivo por el cual “traté de dejar el mensaje de cómo debemos diagnosticar a los fumadores para darles el mejor de los tratamientos, cuáles son los que actualmente han demostrado ser eficaces y seguros para ayudar a dejar de fumar, de manera que los profesionales sanitarios y los estudiantes de carreras médicas empiecen a conocer estos medicamentos y estas formas de diagnosticar”.

Respecto de “esta extraña asociación entre tabaco y embarazo”, como la definió, Jiménez Ruiz remarcó que “lo mejor que puede hacer una mujer que se queda embarazada para su salud y la de su futuro hijo es abandonar el consumo de tabaco”. También planteó que “si una pareja decide tener un hijo les diría tanto al hombre como a la mujer que deberían dejar de fumar porque se sabe que la fertilidad de ambos se ve alterada por el consumo de tabaco. Una vez que la mujer sabe que está embarazada, la necesidad de dejar de fumar es una obligación”.

Pero también remarcó que es fundamental que la embarazada se cuide del consumo de humo de tabaco ajeno. “No es que solamente la madre deba dejar de fumar cuando está embarazada sino que también debe cuidarse y estar en ambientes libres de humo de tabaco. La embarazada fumadora pasiva también transmite los riesgos a su futuro bebé”.

Riesgo perinatal

Un gran número de enfermedades se asocian a la relación humo del tabaco-embarazo. Según el especialista, “la más frecuente es el aborto espontáneo durante los primeros tres meses del embarazo; es muy frecuente esto en mujeres que fuman durante el embarazo en comparación con mujeres que no hacen esto. Además, los hijos de madres que fumaron durante su embarazo van a tener un bajo peso al nacer (lo adecuado es un peso entorno a los 3 kilos o 3 kilos y medio, aproximadamente), lo que supone incrementar por tres el riesgo de morbimortalidad perinatal”.

En este sentido, explicó que “cuando la madre fuma durante el embarazo inhala una sustancia tóxica, el alquitrán, que daña las células del feto. Esto facilita que ese niño, durante la edad infantil y juvenil pueda desarrollar tumores con mucha más facilidad que los hijos de madres que no fumaron durante el embarazo. Además, el tabaco también provoca trastornos en el desarrollo del aparato bronquial del bebé y, en consecuencia, le ocurrirán problemas respiratorios y distrés respiratorio, fundamentalmente en las primeras semanas después del parto”.

Respecto del tratamiento que pueden realizar las embarazadas para dejar de fumar, Jiménez Ruiz explicó que “hay tres tipos de tratamiento sustitutivo de la nicotina: chicles, parches y comprimidos con dos tipos de drogas. En el caso de las embarazadas, estarían indicados los chicles de nicotina de 2 mg para ayudar a que no fumen en esos momentos en que a ellas les dé ganas. A ese tratamiento farmacológico, sería conveniente sumarle un apoyo psicológico por parte del médico, para que haga comprender a la mujer embarazada de la necesidad de dejar de fumar y que le ayude a cambiar sus hábitos y de vida, que le permitirán abandonar este consumo de tabaco completamente.

Por último, destacó que “obstetras, ginecólogos y matronas que acudieron a la charla se interesaron mucho en cómo poder ayudar a las embarazadas fumadoras a poder dejar de fumar. Además, a los estudiantes les llamó mucho la atención que fuera el tabaquismo la primera causa de muerte, que fuera una enfermedad crónica, y que es fácil de diagnosticar. También se mostraron interesados en el tratamiento del tabaquismo”.

Cómo se diagnostica
“Cuando el fumador acude a la consulta para pedir una ayuda para poder dejar de fumar, el médico lo debe diagnosticar y poner en tratamiento”, precisó el Prof. Dr. Carlos Jiménez Ruiz, al tiempo que detalló la forma en que esta patología adictiva es diagnosticada.

“En el diagnóstico de tabaquismo lo que interesa saber son tres cuestiones. La primera es el grado de tabaquismo que tiene el paciente, que se consigue haciendo una relación entre el número de cigarrillos que fuma actualmente con el número de años que lleva fumando, para tener una idea de si el grado es severo o moderado”, comentó.

Y agregó: “También debemos saber la fase de abandono en la que el fumador se encuentra: si está en la de precontemplación, cuando no quiere dejar de fumar, o de preparación, que desea dejar de fumar, para que la intervención que se haga sobre ese fumador esté adecuada a la fase en que se encuentra. La tercera cuestión importante es diagnosticar el grado de dependencia a la nicotina. Ésta es la droga causante de la adicción que tiene el paciente al cigarrillo, causante de la dependencia física por el cigarrillo. Para eso tenemos un test que consiste en una serie de preguntas que se le hace al fumador y, dependiendo de las respuestas que dé, averiguamos su grado de dependencia. La capacidad de crear adicción que tiene la nicotina es cinco veces superior a la que tiene la heroína o la cocaína”.

Por otra parte, explicó que “desde el momento en que el fumador intenta dejar de fumar hay que hacer un seguimiento como mínimo de seis meses. Durante los tres primeros meses es cuando las visitas de seguimiento deben ser lo más intensas y frecuentes posibles, porque es cuando va a haber más síndrome de abstinencia por la nicotina y cuando el fumador va a necesitar más ayuda. Del tercer al sexto mes, las consultas se pueden dilatar en el tiempo. Lo ideal es 12 meses de seguimiento.

Por último, aclaró que “si a pesar de esta ayuda el fumador sigue consumiendo cigarrillos un mes después del tratamiento lo consideramos como un fracaso. En estos casos, el fumador tiene la posibilidad de hacer un retratamiento seis meses después. No lo dejamos abandonado sino que tiene otra oportunidad. Nosotros estamos aquí para ayudarle y no para imponerle algo. La enfermedad del tabaquismo es crónica y ésta es la característica, que aparece y desaparece”.

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